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La triste realidad de la tercera edad

Como la historia de doña Lupita, existen muchas más en las periferias de Tizimín, “son la triste y cruel realidad de envejecer en la pobreza”.

Por Doris Canul

Guadalupe Güemes Martín tiene 75 años, vive en la calle 26 s/n entre 67 y 69 , es viuda y no tuvo la dicha de tener hijos, según sus palabras.

Sólo cuenta con un apoyo económico de $ 1200 cada dos meses, del programa 60 y más que le otorga el gobierno, no cuenta con estudios, se casó muy joven, el  pequeño cuarto donde duerme es producto de una gestión municipal.

A pesar de su edad,  ella trata de sobrevivir con la venta de sus animalitos, gallinas y pavos que cría en su patio, según relata está siendo víctima constantemente de robos, unos vecinos amante de lo ajeno, le están quitando su sustento, pues últimamente le han robado 6 pavos y varias gallinas, que ella cría con sacrificio para tener un ahorro en caso de enfermedad.

Ella tiene en la parte trasera de su casa, un gallinero hecho de palos y su puerta está cerrada con candado, aun con todas las previsiones los ladrones, le quitan la madera y sacan a los animales.

Ella tiene que dormir con sus tres pavos en el mismo cuarto, porque son los únicos que le han sobrevivido al robo, como son de buen tamaño y tienen buen precio  serían un buen botín.

Doña Lupita sólo posee sus animales de patio y sus mascotas que son 2 perritos y 2 gatos.

Pero ella con actitud positiva enfrenta su realidad “La soledad”

Amable y generosa, brinda a sus visitantes lo poco que posee.

Ella dice tener dos deseos…

Uno tener un gallinero seguro, ella quiere que se le ponga un borde de cemento a los palos de su gallinero, para que no puedan quitarlo y robarle sus animales.

Su segundo deseo, es que se apoye con un baño, ¡aunque sea uno chiquito! Comenta con tristeza, ya sus piernas no le responden y tiene que ir a un excusado al aire libre en el fondo de su propiedad.

Ella platica- que se está recuperando de una infección estomacal y que le fue difícil el  ir y venir, es por eso que quiere tener su baño cerca, para los casos de emergencia.

Su actitud positiva ante la vida, es la que la mantiene feliz a pesar de la situación en que esta.

Pero la triste realidad es que con los años ella será menos independiente, ya no podrá salir a criar a sus animales y la soledad le pesará mucho más.

Como la historia de doña Lupita, existen muchas más en las periferias de Tizimín, “son la triste y cruel realidad de envejecer en la pobreza”.

Muchas preguntas quedan al aire.

¿Quiénes protegen a nuestros ciudadanos de la tercera edad?

¿Cuándo habrá un albergue para estas personas que no tienen familia y que son vulnerables?

Hay muchas gestiones absurdas y gastos innecesarios en nuestros gobiernos, pero no hay un poco de sensibilidad hacia los ancianos que vagan en las calles abandonados por su familia o que simplemente no la tienen.

¿Acaso hemos perdido el sentido humano, que a nuestros viejos los descartamos antes de morir?

Un tema que deberíamos reflexionar a fondo, ya que todos vamos hacia el mismo destino…

“La vejez”.

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