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El “científico violador” reaparece, presenta proyecto energético

Con la presentación del proyecto del empleo de las olas del mar como una alternativa ideal para el aprovechamiento de las energías renovables, entre la comunidad científica del país reaparece el investigador sentenciado de pederastia, Mario Rebolledo Vieyra.

Incluso, hasta el momento, aún sigue su proceso en contra del investigador como responsable de violar a su hija, de cuatro años de edad, acto cometido a finales de 2014.

Irónicamente, a pesar de ser sentenciado a poco menos de tres años de prisión, logró pagar una fianza para evitarlo, gracias a la intervención de su abogada, Ámbar Treviño Pérez, quien fuera defensora de los secuestradores y asesinos del empresario Hugo Alberto Wallace Miranda.

En un evento convocado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnologías (Conacyt), en la Ciudad de México, concedió una entrevista en la que manifestó que trabaja en la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).

Sin embargo, hasta hace unas semanas se ostentaba como investigador titular B de la Unidad de Ciencias del Agua del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY).

Mientras que el CICY negó toda información concerniente a Rebolledo Vieyra, la Unidad Mérida del Cinvestav dijo desconocer el paradero de quien fuera el coordinador en Yucatán de los estudios del Cráter de Chicxulub.

Pero lo más raro aún, a principios de 2018, el Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt lo catalogó como titular de nivel III del SNI con la especialidad de Paleomagnetismo y métodos eléctricos de la disciplina de geofísica, pero no adscrito a alguna institución o dependencia del país.

De acuerdo con el expediente, el posdoctorado en geofísica, título otorgado en 2004 por el Laboratorio de Ciencias del Clima y el Ambiente del Centro Nacional de Investigación Científica del Comisariado de Energía Atómica de Francia (CNRS-CEA, por sus siglas en francés), presuntamente ejecutaba en su hija actos lascivos, pues la desvestía y le pasaba la lengua en sus partes íntimas, entre otras cosas, y la sometía a prácticas sexuales no acordes a la edad de la niña.

Sin el propósito de llegar a la cópula, el doctor en Geofísica por parte del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ejecutaba actos lascivos en el cuerpo de su pequeña hija cuando contaba con la edad de cuatro años.

Toda vez que se desvestía y le quitaba las ropas a la niña para abusar de ella, realizando juegos eróticos, los hechos se descubrieron a raíz de que la esposa notó ciertas actitudes en el galeno y la conducta de la menor.

El 7 de diciembre del 2014, cuando bañaba a la pequeña le dijo que le dolía en los genitales, al ser llevada con profesionales en psicología coincidieron en que la menor ha vivido una situación emocionalmente traumática, cuya naturaleza muestra ser de carácter sexual proveniente de la figura del padre.

El Tribunal Segundo de Enjuiciamiento le impuso dos años ocho meses y un día de cárcel, como sentencia condenatoria por el delito de abuso sexual.

Pero, Treviño Pérez, con el apoyo jurídico de Juan Carlos Mascarua Chirino, autor del libro “Análisis jurídico de la industria petroquímica en México”, manipularon la ley a favor de su cliente, quien evitó su ingreso al penal meridano, previo pago de una fianza.

El principal alegato de la defensa, “el cliente no concretó la violación”, motivo por el cual evitó pisar el penal meridano, pero se le condenó a la pérdida de los derechos de familia; se le prohibió acercarse a la víctima; el pago de la reparación del daño moral por la cantidad de 20 mil pesos y la reparación del daño material por 56 mil 586 pesos, principalmente.

Treviño Pérez también evitó que le colocaran un brazalete electrónico, entre otras disposiciones legales a su favor.

El polémico caso causó la indignación entre la sociedad yucateca, e incluso, dividió la comunidad científica del país y del extranjeros, ya que en redes sociales habían especialistas que lo condenaban y otros que lo apoyaban al mismo tiempo que lo consideraban inocente.

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