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Cuando la violencia nos alcance…

LA VISIÓN DE CARONTE

por Miguel II Hernández Madero

La violencia en el país ha dejado de ser noticia; la gente ya se acostumbró a leer o escuchar sobre homicidios, secuestros, asaltos sangrientos y ajustes de cuentas, que evidencian una capacidad del Estado para garantizar la seguridad de los mexicanos, pero es algo que venimos arrastrando en todo lo que va del siglo XXI y con señalar culpables no se va a resolver, tampoco con amnistías y “perdón”.

Pero mucha gente se encierra en decir que en Yucatán no pasa nada: ¿hubo asesinatos en una fiesta?, fue en otro lado, no pasó aquí; ¿negocios familiares son extorsionados y obligados a cerrar? Fue en otro estado, aquí cerquita, pero no fue en Yucatán…, así podríamos seguir con ejemplos y escucharemos tarde o temprano esa negación y el mantra “Yucatán es el estado más seguro del país”.

Y con esa frase nos desligamos, sin querer ver que está creciendo algo más grave en estas tierras. Es cierto, aún no tenemos hechos del crimen organizado, el narcotráfico está reducido al narcomenudeo (triste, pero existe), no hay “derechos de piso”, atentados contra negocios o cosas similares, pero existe violencia, no realizada por “fuereños”, sino que la mayoría cometida por personas de aquí.

En Yucatán tenemos muchas agresiones contra mujeres, violencia sexual, suicidios, robos y homicidios. Existe la violencia, pero no la queremos ver y si seguimos así, el problema irá creciendo, no por la llegada de grupos criminales, sino por la desvinculación social que existe y la pérdida de esos valores de los que tanto presumían nuestros abuelos y nuestros padres. Las notas periodísticas dan a conocer estos hechos, ya no tan esporádicos como antes, pero que son olvidados en poco tiempo, como si quisiéramos borrar de la memoria algo desagradable, pero el negarlo no hace que desaparezca.

La inseguridad en México es un tema complejo. El crecimiento de los grupos del crimen organizado, tanto del narcotráfico, como de asaltantes y secuestradores se gestó durante años y terminarlo no ocurrirá de la noche a la mañana, y quienes lo piensen así es porque viven en su “mundo de caramelo”.

El problema es que si seguimos por ese rumbo, veremos como esa inseguridad llegará a Yucatán, pese a los programas como “Escudo Yucatán”, con mil 500 millones de pesos aplicados en el sexenio anterior, o los que pueda aplicar el gobernador actual Mauricio Vila Dosal. Lo importante es prevenir y no esperar a que los hechos de sangre sean algo tan cotidiano que incluso lo tomemos a broma.

Un chiste surgido en los años cincuentas en el país,  se decía que eramos un mundo aparte, un refugio ante las catástrofes  y por ello “si se acaba el mundo, me voy a Yucatán”. Ahora la mirada está puesta en la región, pendientes de cuánto tiempo permanecerá libre de la violencia, si es que esta seguridad local  no es sólo una ilusión.

Hasta la próxima…

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